Una reflexión para el debate público
Desmontando mitos de la comunicación gubernamental
Una mirada crítica sobre los límites entre comunicación pública, propaganda, construcción de consensos y participación ciudadana.
Por analizar a profundidad un aspecto de interés para la comunicación gubernamental en Paraguay, a continuación reproducimos un reciente artículo de autoría de Adalid Contreras, reconocido sociólogo y comunicólogo boliviano, e investigador en ciencias sociales. Está publicado en Rimay Pampa, periódico virtual de periodistas independientes de Bolivia.
Una lectura sobre lo que la comunicación gubernamental debería ser
En su análisis, Adalid Contreras propone desplazar la comunicación gubernamental de una lógica centrada exclusivamente en propaganda, visibilidad y promoción de autoridades hacia una concepción vinculada con políticas públicas, ciudadanía y gobernabilidad.
El autor sostiene que comunicar desde el gobierno no consiste simplemente en amplificar mensajes oficiales. La tarea implica generar condiciones de relacionamiento entre programas gubernamentales y demandas sociales, construir consensos y reconocer a la ciudadanía como participante y no únicamente como destinataria del proceso comunicacional.
Comunicación gubernamental no es campaña electoral
Uno de los principales cuestionamientos del artículo apunta a la tendencia de algunos gobiernos a trasladar las técnicas y dinámicas de una campaña electoral al ejercicio cotidiano del poder.
Contreras advierte que esa lógica puede derivar en una suerte de campaña permanente en la que el posicionamiento de la autoridad y la promoción de sus acciones terminan ocupando el centro del sistema comunicacional.
Frente a esta perspectiva, plantea que la comunicación gubernamental debe ubicarse en el terreno de las políticas públicas: informar, orientar, generar participación y contribuir a que programas y decisiones gubernamentales dialoguen con expectativas y demandas de la población.
Comunicación gubernamental no es difusión oficialista
El segundo cuestionamiento apunta a reducir la comunicación gubernamental a una sucesión de noticias, publicaciones institucionales, spots, redes sociales y productos destinados a divulgar acciones del gobierno.
El artículo propone una mirada transmedial y relacional. Los medios tradicionales, las plataformas digitales y las acciones presenciales forman parte del proceso, pero son instrumentos de una estrategia más amplia y no un fin en sí mismos.
En este esquema adquiere especial importancia la capacidad de escuchar. Las demandas, percepciones y exigencias ciudadanas también constituyen insumos para la definición y comunicación de las políticas públicas.
Las narrativas gubernamentales no se construyen espontáneamente
Otro de los problemas señalados es la expectativa de que una pieza comunicacional aislada un spot, una conferencia, un mensaje o una publicación pueda resolver por sí misma un conflicto político o modificar la percepción ciudadana.
Contreras contrapone a esa práctica la necesidad de estrategias integrales sustentadas en investigación cuantitativa y cualitativa, lectura del contexto, planificación y construcción de escenarios.
Desde esta perspectiva, los productos comunicacionales adquieren sentido cuando forman parte de una estrategia que define objetivos, sujetos, narrativas, formatos, tiempos y mecanismos de participación.
Un punto especialmente relevante
Ética, ciudadanía y responsabilidad pública
El artículo cierra incorporando una dimensión decisiva: la estrategia comunicacional gubernamental no puede desvincularse de la responsabilidad social y de la ética política.
La competencia por instalar sentidos en el espacio público no legitima prácticas de desinformación o guerra sucia. La comunicación gubernamental debe inscribirse dentro del derecho a la información y la comunicación.
De comunicar gobiernos a comunicar políticas públicas
La reflexión resulta especialmente útil para discutir cómo las instituciones públicas estructuran su relación con medios, plataformas digitales y ciudadanía. El planteamiento de Contreras desplaza el énfasis desde la promoción de autoridades hacia la calidad de las políticas públicas, la escucha social, la construcción de confianza y la participación democrática.

